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La Madrid después del agua: entre el barro y las pérdidas la pregunta más incómoda es ¿vale la pena volver?

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Casi una semana después del temporal que dejó a La Madrid bajo el agua, el pueblo intenta recomponerse lentamente. El agua finalmente retrocedió, pero lo que dejó al descubierto es un paisaje de barro, muebles destruidos, electrodomésticos inutilizados y paredes marcadas por el nivel que alcanzó la inundación. Mientras vecinos limpian lo que queda de sus casas, otra pregunta comienza a instalarse con fuerza: si reconstruir en el mismo lugar tiene sentido o si llegó el momento de abandonar el pueblo.La respuesta, claro, no es igual para todos. Hay quienes sienten que irse sería renunciar a una historia construida durante décadas, y otros que, golpeados por la repetición de estas tragedias, empiezan a preguntarse si insistir en el mismo punto del mapa no es simplemente volver a empezar una historia destinada a repetirse.

Con un mate en la mano y la emoción contenida, Rita del Carmen Leguizamón intenta imaginar cómo será su próximo paso. Hace cuatro años decidió instalarse definitivamente en La Madrid, después de haber vivido en Buenos Aires. Volvió al pueblo donde nació, abrió una pequeña casa de comidas y apostó a construir su vida allí. La inundación, sin embargo, arrasó con todo.“Hace cuatro años que me vine a vivir definitivamente aquí desde Buenos Aires, aunque soy oriunda de La Madrid. Tengo mi propia casita de comida y perdí todo”, relata.

La mujer hace una pausa. La voz se quiebra. Y continúa: “Ahora pensar en reconstruir aquí… no sé. Porque me gusta mi pueblo, no quiero dejarlo, y le prometí quedarme a mi papá, que ya no está. Pero mis hijos quieren que vuelva a Buenos Aires. Tengo que pensarlo”.

Si finalmente decide quedarse, dice que espera que algo cambie. “Porque si bien es cierto que no se puede contra la fuerza de la naturaleza, esto debería evitarse haciendo las cosas como se debe”, afirma. Para ella, el problema no es sólo el río ni la lluvia: es la falta de prevención.

“Te dicen que va a salir el agua del río, pero que no va a ser tanto… y a la media hora vos estás tapada en agua. Tienen que hacer algo. No puede ser que esto pase una y otra vez”, señala.Lo que ocurrió en el sur tucumano fue una de las catástrofes más severas de los últimos años. En pocas horas se registraron lluvias extraordinarias que provocaron el desborde del río Marapa y anegaron gran parte de la ciudad. En algunos sectores el agua alcanzó hasta dos metros de altura y obligó a miles de vecinos a evacuar sus viviendas.

Durante varios días, familias enteras pasaron las noches a la intemperie, refugiadas en la vera de las rutas o en centros de evacuación. Cuando el nivel del agua comenzó a descender, llegó el momento más duro: volver a las casas y comprobar qué había quedado en pie.

Para muchos habitantes, abandonar el lugar donde construyeron su vida no parece una opción sencilla. Carlos Alberto Lezama lo resume con una frase que mezcla resignación y arraigo: “Es difícil muchas veces abandonar el pago con nuestras raíces”.

Sin embargo, para él el problema no se resuelve únicamente con limpiar y volver a empezar. Cree que el desafío es mucho más profundo. “Lo ideal sería reconstruir para que en las futuras generaciones no les pase lo mismo. Buscar algo que esté acorde a cómo tiene que vivir una familia dignamente, sin pasar por esta situación que realmente es catastrófica”.

Lezama sostiene que el fenómeno no puede explicarse únicamente por la lluvia. A su entender, hay factores ambientales que agravan el problema. “Hay mucho daño por la deforestación en los cerros y eso hace que el agua avance de todos lados. No es solo La Madrid, son muchas zonas del sur que van a seguir sufriendo las consecuencias”, advierte.

Por eso insiste en que la discusión debería plantearse en una escala más amplia y con participación de distintos sectores. “Hay que tomar previsión y charlarlo bien junto al gobierno nacional, provincial y la Universidad Nacional de Tucumán. Buscar todos los medios necesarios para que esto no suceda”.

Pero incluso con esas advertencias, su mirada sobre el futuro es poco optimista. “Esto está predestinado a que vuelva a pasar dentro de siete o diez años. Siempre ocurre lo mismo. Es triste comenzar de cero de nuevo”, dice.

A pesar de todo, su decisión parece tomada: quedarse. Otros vecinos comparten ese sentimiento.

Teresa Beatriz Acevedo, de 65 años, tampoco se imagina viviendo en otro lugar. “No me iría de mi pueblo”, dice con firmeza.

Al momento de hablar, todavía no había podido ingresar a su vivienda para evaluar los daños. Sin embargo, sospecha que las pérdidas serán totales. “No sé lo que perdimos, porque todavía no hemos entrado. Pero teníamos un emprendimiento de pollo y eso debe estar todo podrido”, lamenta.

También recuerda con angustia la rapidez con que llegó el agua. “Te dicen que sí, que va a salir el agua del río, pero que no va a ser tanto… y a la media hora vos estás tapada en agua”.

A pesar del golpe, rescata la ayuda recibida en los días más difíciles. “Hay que agradecerle a toda la gente que ha venido a ayudarnos de todos lados. A quienes vinieron con las lanchas, y a quienes siempre han estado para nosotros. Mil agradecimientos a todos”, expresa.

En otras familias, en cambio, la conversación ya tomó otro rumbo. José Ricardo Contreras reconoce que el apego al lugar convive con una preocupación cada vez más concreta.

“Es difícil salir de aquí por todo lo que costó armar nuestro hogar”, admite.

Pero esta no es la primera vez que atraviesa una inundación de este tipo. “Por eso irnos es algo que estamos considerando… hacer otra cosa, porque es la segunda vez que nos pasa”.

Mientras tanto, la rutina del pueblo intenta recomponerse entre el ruido de las máquinas que retiran sedimentos y los vecinos que sacan muebles arruinados a la vereda.

En paralelo, la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) informó que todos los pozos de agua potable de la localidad ya volvieron a funcionar, lo que permitió restablecer el servicio para los habitantes de la comuna.

La empresa explicó que desplegó equipos técnicos, camiones desobstructores y cisternas para realizar tareas de limpieza en escuelas, organismos públicos y distintos sectores que resultaron afectados por el ingreso del agua.

Aun así, los trabajos continuarán durante los próximos días para asistir a los vecinos y acompañar el proceso de recuperación.

Entre la limpieza, el cansancio y la incertidumbre, La Madrid vive horas de reflexión colectiva. Algunos ya trabajan pensando en reconstruir. Otros miran lo que quedó y dudan.

El agua se fue. Pero dejó algo más difícil de limpiar: la sensación de que la historia puede volver a repetirse. Y con ella, la pregunta que muchos todavía no se animan a responder. ¿Vale la pena empezar de nuevo en el mismo lugar?

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