Día de los Parques Nacionales: creció entre bosques, arroyos y volcanes; probó Buenos Aires, pero retomó la pasión familiar

2026-11-06 07:02:16 - ARGENTINA

"Cuando éramos chicos la idea era siempre explorar, armar una mochila e irse a la naturaleza", recordó Lucas Fonzo. Para muchos niños, internarse en el monte o en el bosque es una aventura ocasional, pero para Lucas y su hermano Matías se trataba de una tarde cualquiera y el patio de su casa era ni más ni menos que el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz. Allí, el límite era el horizonte y la única restricción el horario de volver a su casa.

Sus tardes consistían en jugar en el arroyo y recolectar calafate de los arbustos, a partir de noviembre meterse al lago era casi una obligación y perderse en el bosque una anécdota más. En esa primera infancia, los hermanos eran compañeros de aventuras. "Una vez nos olvidamos de avisar que habíamos vuelto y nos fuimos directo a dormir. Mi vieja salió a buscarnos y se armó todo un lío, siempre nos acordamos", contó Fonzo a LA NACION.

Lucas Fonzo y su hermano Matías, jugando en la orilla del lago en el Parque Nacional Los Glaciares de de Santa Cruz - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

Esas primeras experiencias en los bosques les permitieron comprender los procesos naturales de primera mano y, cuando los turistas visitaban el parque nacional, ellos respondían a sus preguntas como pequeños manuales andantes. "Sabíamos el nombre de las especies locales, cómo se veían y dónde se encontraban por las condiciones de humedad. También la época en que venía tal o cual ave y en la que cantaba, y sabíamos cuáles migraban en invierno y cuáles se quedaban", señaló el guardaparque.

"Mis viejos eran guardaparques, así es la historia", explicó. Su madre, Laura Chazarreta, se retiró años atrás y su padre, Ceferino Fonzo, ejerció hasta su fallecimiento en 1988, pero el amor por la naturaleza trascendió en el linaje familiar y marcó a Lucas desde sus primeros años de vida. Hoy, tiene 43 años.

"Los recuerdos más lindos que tengo con mi viejo son el de ir en la lancha y en la caja de la camioneta", expresó Lucas Fonzo - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

Cruzar el lago en lancha, navegar en el Canal de los Témpanos, el ruido de las olas producto del motor, son algunos de los recuerdos más preciados que tiene de las escapadas con su padre. Él lo acompañaba a monitorear los gigantescos y fríos lagos, en sus recorridas a caballo y en las caminatas por el bosque. Lo que para su padre era una rutina corriente, para él era una aventura.

"Era algo mágico ver a tu héroe en acción. De chico yo miraba a mis viejos como héroes. Eran mi referencia a seguir y, después de muchos años, terminé siendo guardaparque. Creo que no tanto por la profesión en sí misma, sino por lo que de chico pude vivir, ver y sentir", expresó Fonzo, en vísperas de Día de los Parques Nacionales, que se conmemora hoy.

Lucas y Matías Fonzo junto a sus padres, Laura Chazarreta y Ceferino Fonzo - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

Pero la vida de un guardaparque también conlleva desafíos y uno de los principales es el desarraigo; viajar de manera constante, adaptarse a ambientes de lo más diversos y nunca echar raíces definitivas. "Significa nunca conectar profundamente con un lugar, tener el amigo de toda la vida, o el almacenero de la esquina. Eso creo que es parte de la vocación. Si no estás dispuesto a sacrificarlo, capaz no sería lo ideal hacerlo", consideró.

Lucas afrontó este desafío a temprana edad cuando se despidió de los campos de hielo y los grandes glaciares para recibir los paisajes del norte patagónico. Su primera mudanza fue al Parque Nacional Lanín, en Neuquén. "Fue como entender que hay otro mundo", expresó el guardaparque.

Ceferino Fonzo en su uniforme de guardaparque - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

En el Lanín, las tardes en el bosque continuaron. Con la vista al gran volcán, los hermanos pasaban sus tardes en el río Hua-Hum. "Los ríos me hacían respetarlos, pero mi hermano era un loco. Cuando crecía el caudal, nosotros nos tirábamos del puente y nos dejábamos llevar por la corriente", recordó Fonzo entre risas.

Esa mudanza fue la primera de muchas: durante su trayectoria posterior como guardaparque, trabajó en una amplia variedad de áreas protegidas, en diferentes extremos del territorio nacional: el Nahuel Huapi, en el sudoeste de Neuquén y el noroeste de Río Negro; el Condorito, en Córdoba; Laguna Blanca, en Neuquén, y Pilcomayo, ubicado en Formosa.

Lucas Fonzo frente a una cascada en el Parque Nacional Iberá de Corrientes - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

Pero Fonzo nunca se olvidó de los glaciares. "El glaciar Perito Moreno es algo que siempre me conecta. Si a mí me preguntan de dónde soy, sigo diciendo que soy de ahí, del Moreno, del glaciar", describió el guardaparque.

El siguiente gran cambio sucedió cuando comenzó la secundaria en San Martín de los Andes. Después del colegio, los chicos de su edad iban al club o a jugar a la pelota, pero él buscaba la montaña.

"Había que pasar por tierras privadas. Cruzaba el alambrado, seguía, cruzaba otro alambrado, seguía. En la medida que San Martín se fue urbanizando se hizo más difícil, así que agarraba la bicicleta y pedaleaba hasta 15 kilómetros para llegar", explicó Fonzo.

Con 43 años, Lucas Fonzo terminó recientemente de cursar la licenciatura en Conservación y Desarrollo Ecorregional - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

En su adolescencia, ese mismo apetito de conocer lo llevó a buscar nuevas experiencias más allá de la frontera de los parques nacionales. "Entonces me fui a Buenos Aires y empecé a estudiar la licenciatura en ciencias ambientales", apuntó.

Pero allí descubrió que amaba lo que ya tenía, lo que había vivido toda su vida. "Mis viejos me transmitieron eso y terminé entendiendo que lo que yo quería hacer ya lo tenía adentro", reconoció el guardaparque.

Una ceremonia conmemorativa gel Día de los Parques Nacionales Argentinos a bordo de la Modesta Victoria en el lago Nahuel Huapi, frente a la isla centinela donde están los restos de Perito Moreno - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

Con esa resolución, en 2022 se recibió de guardaparque y volvió a sentirse como un pez en el agua. Su primera seccional fue Pampalinda en el Parque Nacional Nahuel Huapi, ubicado en la base del Cerro Tronador entre Río Negro y Neuquén. "Llegué al paraíso prácticamente y esta vez convertido en eso que mi viejo era", destacó Fonzo, que ya lleva casi 20 años de ejercicio de la profesión.

En su paso por el Parque Nacional Pilcomayo, ubicado en Formosa, conoció a la guardaparque Laura Aréjola, quien hoy es su esposa. "Éramos tal para cual", dijo Fonzo. Según el guardaparque, trabajar juntos no siempre es fácil, pero compartir una pasión más que lo compensa.

Para Lucas Fonzo, perder el vínculo con la naturaleza es como perder la humanidad: "Perdemos nuestra calidad como seres humanos", expresó el guardaparque - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

Actualmente, ambos trabajan en el Parque Nacional Iberá de Corrientes, y Fonzo también es docente de la carrera de guardaparque. "Si tuviste la suerte de aprender cosas, de capacitarte en determinados lugares, brindá lo que tengas", es su lema, afirma.

Sin embargo, no hace falta ser guardaparque para comprometerse con el cuidado de los entornos naturales. "Solo importa que tengas ganas e intenciones de cuidar la naturaleza, de hacer un bien que perdure, basta con cuidar la plaza de tu barrio", advirtió.

"Puede ser más posible que un chico que se cría entre personas que dedican la vida a la conservación, salga conservacionista, pero un conservacionista puede salir de cualquier lado", expresó - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

Para él, el trabajo en la conservación no tiene muchos secretos más que trabajar duro. Es un trabajo que exige físicamente, demanda estar en el campo y muchas veces en soledad. Implica desvincularse, desraizarse y estar largas horas en el terreno, pero tiene su recompensa. "No todo es color de rosa, pero amén de que hay días que uno dice 'pucha', siempre pasa algo que te recuerda por qué estás haciendo esto", confió Fonzo.

Y ese algo para él es su hija. "Que te diga 'guau, papá, lo que estás haciendo' hace que quiera seguir eligiendo este trabajo hasta el día que me retire", indicó el guardaparque.

Lucas Fonzo, a caballo junto con su hija - Créditos: @Gentileza Lucas Fonzo

Tal como su padre hizo con él, Lucas incentiva que la naturaleza forme parte de la vida de su hija, que juegue en el río y visite los bosques. "Ahora, de hecho, empezó a llover y anda corriendo un gato. No sé ni si se enteró que llueve", expresó Fonzo durante el diálogo con LA NACION.

Después de años de proteger los parques nacionales, si Lucas Fonzo tuviera que volver en el tiempo, elegiría el mismo camino sin pensarlo dos veces, dice: "Si hablara con mi yo de chico, le diría que si realmente lo sueña, que no pare. Pero lo tiene que sentir adentro, esto le va a dar todo en la vida".

Fuente: google.com
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